Tuesday, May 13, 2008

Proyecto Conciencia Global: ¿De qué conciencia me habla?


Ahora mismo, en estos momentos, en 41 países del mundo están en funcionamiento una serie de ordenadores repartidos en 65 redes y generando sin descanso secuencias de datos aleatorios… 0011010100011001010100…. (random event generators). Estos datos son transmitidos a un servidor central que se encuentra en Princeton (USA) donde estas secuencias son analizadas con sumo cuidado. ¿Qué se puede analizar en una secuencia de datos aleatorios? Su aleatoriedad. Es decir, se trata de ver si hay “algo raro” estadísticamente hablando.

Lo esperable de una secuencia aleatoria es que encontremos un 50% de “1” y un 50% de “0”. Es como si tirásemos una moneda al aire continuamente. Esperaríamos caras y cruces con igual probabilidad. ¿Y si encontrásemos en nuestra moneda, después de lanzarla suficiente número de veces, que salen 80% de caras y sólo un 20% de cruces? Pensaríamos que pasa “algo raro”, como por ejemplo, que alguien ha trucado la moneda (¿Trucaje Inteligente?). ¿Y si en el Proyecto Conciencia Global encuentran en algunos momentos concretos que la secuencia no es aleatoria y esto tiene relevancia estadística? La hipótesis general es que ocurren determinados eventos en nuestro devenir histórico que, de alguna manera, afectan a nuestras conciencias y éstas, a su vez, “interaccionarían” (literalmente) con los generadores de datos alterando las secuencias aleatorias. Estos eventos de alcance planetario son desde los atentados del 11 de Septiembre hasta el funeral de la princesa Diana o las celebraciones de Año Nuevo. Los ingenieros del Proyecto Conciencia Global observaron que justo en estos momentos la secuencia de números aleatorios se alteró de manera estadísticamente significativa (salieron muchas más caras que cruces). La interpretación: el shock producido en nuestras conciencias por estos eventos fue “detectado” por los generadores de datos. Conclusión: hay una conciencia holística global (electrogaiagrama). Y de ahí…, hasta donde quiera cada cual.

Este proyecto parece ser otra versión del programa PEAR (Princeton Engineering Anomalies Research) que a finales de los años 70 pretendía investigar la interacción entre la conciencia humana y las máquinas (léase, telequinesia y percepción remota). Llegado a este punto, y con la actitud crítica que pueda tener alguien con la mente abierta, son dos, en mi opinión, las cuestiones clave. Brevemente, una teórica (1) y otra metodológica (2). 1/ ¿Cómo la conciencia humana interacciona con los generadores de datos? Habría que dejar claro que, según los conocimientos actuales en neurociencias, la conciencia humana es una cualidad que depende del funcionamiento del cerebro. Si el cerebro está dañado, no hay conciencia. Esta cualidad natural, que a buen seguro el conocimiento científico en neurobiología irá poco a poco desmitificando, es individual y no se puede transmitir (de nuestro cerebro no emana ninguna energía “psi” que pueda interaccionar con otros cerebros o máquinas). Dicho esto, otras preguntas: Y la conciencia de otros animales (por ejemplo, una matanza de cebras), ¿no afecta a los generadores de números? ¿Podría alguna interferencia electrónica durante esos eventos (ya que hablamos de ordenadores en red) explicar la alteración de las secuencias aleatorias? 2/ ¿Se dan también alteraciones de la secuencia aleatoria en otros momentos de la Historia en los que no ocurre ningún evento a escala global humana? Porque tendemos a encontrar coincidencias…, están en todos los sitios, sólo hay que buscarlas. Es decir, ¿cómo el entierro de Lady Di agitó tanto nuestra conciencia global y no la muerte constante de miles de niños en todo el mundo debido a la miseria y la hambruna? ¿Depende del número de conciencias humanas alteradas? ¿Y la matanza constante de gente inocente en las guerras actuales? ¿También altera la secuencia aleatoria de datos? ¿O depende de a quién pertenezcan las conciencias afectadas? No sé…, hay “algo raro” en todo esto.

Cerebro y ácido bórico (la conexión oculta)


Hace un par de meses apareció en las portadas de los periódicos la noticia de que en los domicilios de un terrorista etarra y en el de un terrorista islamista se había encontrado una sustancia química conocida como ácido bórico. Si bien este descubrimiento demostraba la conexión, que hasta ese momento se había mantenido oculta, entre ETA y Al Qaeda, los medios desviaron la atención sobre este importante asunto para centrarse en la trifulca entre jueces y policía por la falsedad o no de unos informes oficiales. En todo este tiempo he podido reflexionar sobre esta conexión entre las citadas organizaciones terroristas y he descubierto que es de una importancia mucho mayor que la que inicialmente se pensó. Al menos desde el punto de vista … neurocientífico. Sí, la mayoría de la gente, al conocer la noticia del descubrimiento del ácido bórico, pensó en la conexión más obvia entre ETA y Al Qaeda, a saber, que las dos utilizan, para ocultar a sus miembros, pisos francos antiguos, con muchas humedades y, en consecuencia, infectadas de cucarachas. El uso del ácido bórico como insecticida claramente mostraría que los miembros de estas organizaciones se habrían preparado en los mismos campos de entrenamiento terrorista (o al menos habrían tenido acceso a los mismos manuales de técnicas terroristas). Pero, como he dicho, la verdadera conexión podría ser mucho más interesante científicamente: El ácido bórico también se utiliza como desodorante pedicuro, por lo que la presencia de esta sustancia en las viviendas de los terroristas nos estaría mostrando la existencia de un rasgo común de su “personalidad”. Pero entonces, ¿estarían relacionados el excesivo olor de pies y la psicopatología terrorista? ¿Qué áreas del cerebro podrían relacionarse con esta conexión? ¿Es posible que una alteración patológica de dichas áreas cerebrales se expresara psicosomáticamente como mal olor de pies? O por el contrario, ¿provoca el olor de pies la degeneración de determinadas regiones del cerebro, lo que finalmente conduciría a la conducta psicopatológica del terrorista? La respuesta a estos interrogantes es fundamental porque abre las puertas a la posible prevención de la conducta terrorista o de otras conductas psicopatológicas menores (antiglobalización, …). Simplemente habría que desarrollar un odómetro pedicuro que permitiera detectar en adolescentes contestarios la susceptibilidad a desarrollar estas conductas psicopatológicas para a continuación aplicar las medidas correctoras oportunas. El que ahora se haya dejado de hablar sobre este asunto del ácido bórico me hace sospechar que el Ministerio del Interior (posiblemente en asociación con el de Educación) está intentando ocultar la relación entre ácido bórico y neurociencias que acabo de describir con el objeto de desarrollar en secreto la tecnología de prevención del terrorismo que he esbozado. Si es así esperemos que el proyecto culmine con éxito.

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Los límites del efecto placebo


En esta bitácora hemos hablado varias veces del efecto placebo y de su implicación en la supuesta eficacia de muchas terapias mal llamadas alternativas (como la homeopatía y la acupuntura). También hemos discutido sobre si el efecto placebo puede ser extensible a todo tipo de enfermedades o exclusivamente al control del dolor. Hay un cierto acuerdo sobre que se puede conseguir cierto grado de analgesia utilizando un placebo, o lo que es lo mismo, la expectativa de una reducción del dolor provoca un alivio de éste. Esta posibilidad tiene además un aval anatómico-funcional: la existencia de un “sistema analgésico” endógeno (la morfina actúa de hecho sobre ese sistema) y la regulación de este sistema por centros superiores de la corteza cerebral (que permite “filtrar” la percepción del estímulo doloroso, de la misma manera que sabemos que ocurre con otras modalidades sensoriales). La mayoría de los “éxitos” de las pseudoterapias se obtienen precisamente en enfermedades cuya sintomatología incluye el dolor tanto agudo como crónico. ¿Pero qué ocurre con patologías que no cursan con dolor? Hace tiempo nos sorprendió la noticia de que en enfermos de Parkinson un tratamiento placebo provocaba respuestas neuroquímicas similares al tratamiento estándar para esta enfermedad (artículo). Esto se acompaña de una percepción de reducción de los síntomas por parte de los pacientes. En un reciente estudio se ha observado sin embargo que este efecto de alivio de los síntomas es subjetivo y que no se acompaña de una reducción objetiva de éstos. Es decir, el efecto placebo disminuye el estrés psicológico asociado con el sentimiento de estar enfermo, sin modificar los trastornos (en este caso motores) que produce la enfermedad. El efecto placebo sería por tanto inespecífico y podría contribuir de forma indirecta a producir una mejoría en los pacientes al ayudarles a afrontar psicológicamente su enfermedad.

La pregunta que se me ocurre es si esta acción inespecífica tendría que ver también con los supuestos “éxitos” de las pseudoterapias. Recordemos que el principal crédito de éstas es que “los pacientes reconocen sentirse mejor”, o al menos conocemos a alguien a quien determinada pseudoterapia “le fue bien”. Estos testimonios serían creíbles en el sentido de que los pacientes manifiestan su valoración subjetiva de los síntomas (por “desgracia” no se pueden hacer valoraciones objetivas porque los métodos “de la medicina convencional no son adecuados para valorar la eficacia de “las pseudoterapias”). Sumado esto al sesgo cognitivo de recordar principalmente este tipo de testimonios “positivos” pero no los “negativos” nos ayuda a entender la buena prensa que tienen estas pseudoterapias.

Pseudociencias en la VI Semana de la Ciencia madrid 2006

Se está celebrando estos días la VI Semana de la Ciencia de Madrid que incluye un gran número de actividades de divulgación científica cuyo objetivo principal es “abrir la experiencia científica a la mirada y a la reflexión del ciudadano”: “La Semana de la Ciencia de Madrid pretende reflexionar sobre la evidencia de que vivimos rodeados de ciencia y de que el conocimiento no es ya un lujo reservado a unos pocos, sino un bien esencial necesario para nuestro futuro y responsabilidad de todos.” Sin embargo varias de las actividades programadas hacen un flaco favor a tan nobles objetivos. De una de ellas se ha hablado mucho en las bitácoras escépticas (por ejemplo aquí y aquí) y ha generado varias iniciativas de protesta (por ejemplo desde ARP aquí y aquí): me refiero a la conferencia “Situación actual de la homeopatía” organizada por los Laboratorios Boiron. Sin embargo han pasado desapercibidas otras dos actividades que no tienen desperdicio: “La ciencia en el cine: Y tú, ¿qué sabes?” y “Evolución y neurología cuántica”.

La primera de estas actividades consiste en la emisión seguida de coloquio de la película “Y tú, ¿qué sabes?”, panfleto de la secta “Ramtha School of Englightenment”. La película mezcla ficción y documental para promover la siguiente idea sencilla: puesto que la física cuántica ha demostrado que la mente crea la realidad (“no hay realidad sin observador”), cualquiera tiene la posibilidad de crear su propia realidad conscientemente (y de paso curarse de todos los males). Esta revelación proviene de Ramtha, el espíritu de un viejo guerreo de la Atlantida que vivió hace 35.000 años y que esta siendo “canalizado” por Judy Z. Knight, que allá por los años 70 encontró su propio filón de oro paranormal. Se puede encontrar una crítica más detallada y mordaz en el artículo de Erik Aris Stengler Larrea en el número de agosto de El Escéptico Digital y en Skeptico: “What the (bleep) were they thinking?” (que por cierto fue recomendado por el propio Randi).

Por otro lado quizás es injusto calificar de pseudocientífica a la segunda de las actividades, la charla “Evolución y neurología cuántica” organizada por la Cátedra de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia Comillas, pero sin duda no se ajusta al objetivo de divulgación científica que parece ser el motor de la Semana de la Ciencia la inclusión de una charla sobre un tema sobre el que no existe ningún consenso científico. Por neurología cuántica se entiende la exploración de la posibilidad de que la así llamada hipótesis Hameroff-Penrose (a saber, que el interior hueco de los microtúbulos serían “espacios cuánticos donde la materia bosónica entraría en coherencia cuántica y donde estaría también en estado de superposición cuántica”) pueda ser el punto de partida para la elaboración de un modelo que explique “tanto el indeterminismo de la conducta humana como el holismo de la experiencia psíquica”. Independientemente de la crítica tanto a la importancia de la mecánica cuántica para explicar el psiquísmo humano (asunto que ya tratamos en un apunte anterior) como a la premisa de partida acerca del indeterminismo y el holismo como características del comportamiento humano, parece ser que “esta nueva neurología no sólo explica mejor al hombre, sino que es más armónica y congruente con los planteamientos religiosos”. Esto último ya nos pone sobre aviso acerca de los objetivos de este plantemiento (y una somera visita a la web de la Cátedra nos lo confirma): se trata de un nuevo (y desesperado) intento de buscar “el fantasma en la máquina” y los vericuetos para colar al “diseñador” como origen (y por tanto garante) de la libertad humana (de algo de esto ya hablamos aquí y aquí). En fin, esperaremos a ver que nos depara la charla para hacer un comentario más en profundidad.

Hombre Natural versus Hombre Espiritual


La iglesia, la teología, tiene en cuenta el conocimiento científico. Pero a su manera, claro está. Me estoy refiriendo a algunos comentarios que he leído recientemente sobre el mensaje de Juan Pablo II a la Academia Pontificia de las Ciencias en los que muestra su interés acerca de la vida en el Universo y el papel de la Humanidad. ¿Qué es el Hombre? Para Juan Pablo II, para la teología, la ciencia ha mostrado que la evolución natural es más que una hipótesis y, por tanto, asume que el cuerpo humano tiene su origen en la materia viva que existe antes que él. Ahora bien, en palabras de Juan Pablo II, “en un momento de la historia, el Hombre Natural, ya preparado por su psiquismo superior emergido en el proceso evolutivo, fue objeto de una especial intervención creativa divina que transformó su ontología profunda”, es decir, creó el alma, “y el Hombre Natural comenzó a ser ya el Hombre Espiritual”. Para Juan Pablo II la ciencia describe al hombre en continuidad evolutiva, lo que incluye su materia viva, su psiquismo, su neurología y la conducta humana derivada de su constitución corporal. Pero, (desafortunadamente) “el momento del paso a lo espiritual no es objeto de observación científica”.

Hombre Natural versus Hombre Espiritual. ¿Cuáles son las cualidades características de cada uno? O, dicho de otro modo, ¿cómo se refleja en la conducta del hombre la calidad de “Espiritual”? Pienso yo, que por cualidades del Hombre Natural se entenderá aquellas que lo asemejan al resto de los animales (materia viva…, a secas). Es decir, comemos, dormimos, nos movemos y nos reproducimos, tenemos descendencia. A esto debe referirse la teología cuando habla de “psiquismo, neurología y conducta humana derivada de su constitución corporal”. ¿Y las cualidades del Hombre Espiritual? Vendrán dadas por el alma humana, la condición humana, fuente de su más alta dignidad. Se me ocurre, corríjanme si me equivoco, que hablamos de compasión, altruismo, piedad, amor, moral u otras similares. Y he aquí el problema, dos Hombres …¡Y un solo cerebro! ¡Y natural, fruto de la evolución biológica! ¿Entonces?

¿Acaso dichas cualidades del Hombre Espiritual pertenecen a un ente inmaterial que complementa al cuerpo material y tienen poco que ver con la actividad de nuestro cerebro? ¿Será qué la capacidad de ayudar al prójimo o de sentir lástima hacia quienes sufren penalidades es independiente de la función de áreas determinadas de nuestro cerebro? Una de dos, o los teólogos no están muy al día de los últimos avances en neurociencias (cosa que dudo) o es que sólo toman los datos científicos cuando les interesa. Porque si admiten, como de hecho ocurre, que un daño cerebral o una droga determinada puede alterar nuestras cualidades “naturales” como comer, dormir o movernos, tendrán que asumir también que estas mismas, u otras, manipulaciones específicas en el cerebro puedan alterar nuestra sensibilidad hacia el dolor ajeno o nuestra conducta moral. Y esto es un hecho. Eso que llaman “Espiritual”, lo que nos hace humanos o incluso la esencia de nuestra naturaleza, está determinado por la actividad de nuestro cerebro. Decir lo contrario es admitir, como antiguamente, que los epilépticos son endemoniados.

Además, el hecho de hablar de natural y espiritual no es un simple problema dialéctico. El Hombre Natural no es conciliable con el Hombre Espiritual. No se puede argumentar, y en este sentido estoy 100% de acuerdo con Dawkins, que la religión trata lo espiritual y por tanto no se inmiscuye en el terreno de la ciencia, sino que la complementa. La neurociencia, al igual que en su día la astronomía de Copérnico y Galileo o la biología de Darwin, está aportando pruebas sólidas de que aquello que consideramos la conducta espiritual del hombre depende de la actividad “natural” de su cerebro. Dar otra explicación es competir con la ciencia para tratar de explicar un mismo fenómeno relativo a la conducta humana y así alejar al hombre de la naturaleza. Y si esto es así, hay que asumirlo tal y como es. Que ese paso “creativo divino”de Hombre Natural a Hombre Espiritual es en realidad un paso de ciencia a pseudociencia.

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Un improbable futuro del cerebro: “la conexión invisible”

“Según el Dr. Rupert Sheldrake la telepatía es un aspecto más de la comunicación entre los miembros de cualquier grupo animal, y también entre los humanos”

Sección de Ciencia: (en un improbable mundo futuro)
(AGRA, año 2112) Cada vez hay más unanimidad entre los científicos acerca de los numerosos datos que están revolucionando el mundo de las ciencias del cerebro-mente. Todo empezó hace años cuando unos biólogos norteamericanos del estado de Kansas, también prestigioso por sus avances en biología evolutiva, confirmaron y dieron apoyo neurobiológico a una serie de experimentos realizados por el Dr. Rupert Sheldrake a principios del S. XXI (ver abajo). En estos experimentos demostró que la gente podía adivinar quién es cuando recibe una llamada telefónica. Y comenzó a sentar las bases científicas de la precognición y la telepatía. Científicos de la época argumentaron que los resultados obtenidos podían explicarse por simple intuición y empatía, debida a la experiencia previa de los sujetos experimentales. Algunos de estos científicos intentaron poner trabas a la verdad y exigieron experimentos controlados. Pero el Dr. Sheldrake también recopiló datos objetivos e inequívocos a partir de una serie de test de telepatía automatizados en su website (antiguo Internet, equivalente al hoy en día llamado NEXUS). En el año 2006, en el festival de las ciencias organizado por la British Association for the Advancement of Science, el Dr. Sheldrake propuso la existencia de una “conexión invisible” entre los miembros de la especie humana. Según Sheldrake, todas estas evidencias apuntaban a que la telepatía era una cualidad propiciada por la selección natural (en esos momentos el Diseño Inteligente sólo estaba empezando). El Dr. Sheldrake, también recopiló más de 3000 testimonios de dueños de perros, gatos, loros, caballos y otros animales sugiriendo que también estos animales eran capaces de comprender las intenciones y de leer las mentes de sus dueños.

Pero, ¿qué hay en nuestro cerebro capaz de realizar una “conexión” con el mundo externo sin que participen los órganos de los sentidos? Hasta hace poco esto parecía imposible. Sin embargo, tras varios años de investigaciones, no es para menos dada la trascendencia que está teniendo la telepatía en nuestras sociedades, estos científicos norteamericanos, utilizando las últimas técnicas de imagen cerebral y con el apoyo de los más prestigiosos físicos cuánticos y holísticos, han conseguido detectar nuevas pruebas sobre la actividad cerebral relacionada con la telepatía. La clave está en un circuito cerebral que implica a la corteza prefrontal y la amígdala. Y en una serie de neuronas llamadas neuronas espejo, cuya actividad se ha relacionado con la capacidad de adivinar la intencionalidad en nuestros actos. La implicación de la amígdala y su interacción con la corteza prefrontal en la respuesta emocional era ya conocida hace más de 100 años. En particular, lo que se ha observado recientemente es que en individuos que muestran una reducida actividad prefrontal las neuronas espejo cercanas a la amígdala incrementan esporádicamente su actividad más de 10 veces, siendo entonces capaces de detectar mínimas alteraciones en los campos morfo-genéticos (propuestos por el Dr. Sheldrake). La función de estas neuronas está relacionada con la respuesta emocional de los individuos. De manera que su actividad es pulsátil y regular cuando la “conexión invisible” se realiza con personas de nuestro entorno y caótica e irregular cuando se da con personas extrañas. La actividad de estas neuronas no es detectable cuando el individuo en cuestión se siente controlado. Pero con el desarrollo de los PET (Positron Emission Tomography) portátiles los individuos pueden ser monitorizados sin que ellos se sientan estudiados. Así se han observado espontáneos periodos de hipo-frontalidad e incrementos paralelos de actividad de las neuronas espejo amigdalinas en función de determinadas llamadas de teléfono recibidas durante periodos de tiempo variables.

Estos experimentos, así como otros ya realizados, confirman que existe un substrato neurobiológico para explicar poderes ocultos y desconocidos de la mente considerados sobrenaturales y ficticios hasta no hace mucho tiempo. Esto no es nuevo. Algo parecido ocurrió cuando se empezó a conocer que la moral religiosa y la creencia en Dios radicaba en circuitos específicos del cerebro, por lo que hoy en día ya nadie en su sano juicio duda de que la existencia de Dios es pura fantasía

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A veces percibo una presencia extraña


Todo transcurre en una vieja Facultad de Medicina de una famosa Universidad, prestigiosa en tiempos pretéritos, pero ahora sólo conocida por los sucesos inexplicables que allí parecen suceder. Sucesos que atraen la curiosidad de un investigador y una paciente:

Investigador: Dime, ¿sientes o percibes algo?
Paciente: Tengo la impresión de que alguien está detrás de mí.
Investigador: ¿Puedes explicarlo mejor?
Paciente: Es una persona joven, como una sombra que no habla o se mueve. Está justo detrás de mi espalda, casi pegado a mí, aunque no lo siento. Imitando mi posición. ¿Usted no lo ve, doctor?
Investigador: No. Pero, dime, ¿todavía lo percibes?
Paciente: Sí…, él está sentado y me rodea con sus brazos. ¡Esto no me gusta!
Investigador: ¿Estás segura?
Paciente: ¿Pero no se da cuenta, doctor? Está justo a mi derecha, e intenta quitarme los papeles que tengo en la mano. ¡Él no quiere que los lea…!

Un silencio. Y muchos misterios. De nuevo parece evidente que ahí fuera existen otros seres, tan reales como nosotros, que nos visitan, o incluso, que viven en mundos paralelos al nuestro, en otras dimensiones, fuera de lo que la cuadriculada y obtusa ciencia es capaz de interpretar como nuestro mundo real. Parece evidente…

Investigador: ¡Muchas gracias por tu colaboración! Los experimentos de estimulación eléctrica de tu corteza cerebral, área parietotemporal, han resultado muy interesantes y valiosos (Induction of an illusory shadow person. Nature, 21 Sept., 2006).

Una breve historia de la lobotomía, según Jack El-Hai



“The lobotomist”, Jack El-Hai

Un contexto. Situémonos en el siglo XIX. Se discute si la enfermedad mental tiene un origen biológico. Desde la psiquiatría no biológica, Sigmund Freud y el psicoanálisis tienen una gran influencia. Los “psiquiatras románticos” postulan que los pacientes mentales pueden ser tratados mediante instrucciones morales y de conducta. En contra, algunos neurólogos investigan la biología de los estados mentales. Carl Wernicke trata de relacionar síntomas psiquiátricos con áreas cerebrales específicas y Jean-Marie Charcot estudia los orígenes biológicos de la “histeria”. A finales de este siglo Emil Kraepelin agrupa, por primera vez, las historias de los pacientes mentales de acuerdo a la progresión y rasgos de su enfermedad, lo cual facilita la interpretación de los síntomas mentales. A principios del siglo XX las instituciones psiquiátricas están saturadas, en algunos casos los pacientes mentales viven hacinados y sin esperanza. La psicofarmacología apenas existe. ¿Tratamientos? Uno de los principales paradigmas en el tratamiento de la enfermedad mental es el Shock producido por un agente externo o, dicho de otro modo, el efecto curativo del coma y las convulsiones. El psiquiatra austriaco Manfred Sakel comienza a utilizar el coma por insulina para tratar la esquizofrenia. El choque de insulina reduce la glucosa en sangre y, en muchos casos, produce convulsiones. El psiquiatra húngaro Ladislas van Meduna utiliza el metrazol para causar convulsiones en pacientes esquizofrénicos y llega a la conclusión de que las convulsiones producidas por la epilepsia ayudan a los pacientes mentales. Los italianos Ugo Cerletti y Lucio Bini comienzan a utilizar corrientes eléctricas, primero en perros y posteriormente en esquizofrénicos. En muchos hospitales el electroshock remplaza definitivamente a la insulina y al metrazol por su fácil uso y menores riesgos. Normalmente los pacientes no mueren, pero a menudo terminan el tratamiento con varios huesos rotos.

Un inicio. Año 1935. Se celebra un congreso de Neurología en Londres, al cual acuden algunos de los nombres de oro de la neurociencia experimental como Paulov, Wilder Penfield y Egas Moniz. El neurólogo portugués Moniz asiste al congreso con el objetivo de mostrar su nueva técnica pionera de exploración cerebral, la angiografía cerebral. Una sesión del congreso, moderada por John Fulton del Laboratorio de Fisiología de primates en Yale, analiza la fisiología de los lóbulos frontales. Una ponencia, la del psicólogo experimental Carley Jacobsen y colaborador de Fulton. Dos chimpancés, Lucy y Becky. En una serie de experimentos se analiza el temperamento de ambos animales y se describen diferentes alteraciones emocionales como frustración y ansiedad cuando los chimpancés no consiguen sus objetivos. El comportamiento de Becky es descrito como “neurosis experimental”. Después de un periodo de entrenamiento, los experimentadores extirpan los lóbulos frontales del cerebro de estos chimpancés y estudian de nuevo sus respuestas emocionales. La “neurosis” de Becky ha desaparecido, se encuentra menos ansiosa y más calmada (1). Pocos meses después del congreso Moniz y su colaborador Almeida Lima utilizaron por primera vez el “leucotomo” (2) para realizar una lobotomía prefrontal en Lisboa, una técnica quirúrgica que procuraba la ablación total o parcial de la zona más frontal del cerebro de pacientes mentales que sufrían trastornos de neurosis y ansiedad. ¿Fueron los resultados mostrados con Becky los que “inspiraron” al que sería el padre de la lobotomía prefrontal? Algunos piensan que sí, aunque él nunca lo reconoció. En 1936 Moniz mostraba resultados de su primera veintena de lobotomías y acuñaba el término “psicocirugía” en un monográfico publicado y traducido en varios idiomas.

Una técnica. Pero fue Walter Freeman, un entusiasta y ambicioso psiquiatra estadounidense, el principal responsable de la expansión de la lobotomía a lo largo y ancho de EEUU como tratamiento sistemático de las enfermedades mentales. Freeman, que se mantuvo siempre en contacto con Moniz, realizó junto a un cirujano llamado James Watts miles de lobotomías en pacientes mentales. La técnica que utilizaban Freeman y Watts consistía en realizar dos agujeros laterales en el cráneo, en la zona frontal, a través de los que se introducía el “leucotomo”. Una especie de artilugio que mediante su rotación iba seccionando rodajas de la zona frontal del cerebro. Podían ser 6, 9 ,12 o más, normalmente dependiendo de la supuesta gravedad del paciente. De hecho, algunos pacientes eran sometidos a varias lobotomías, según su evolución, en la que se seccionaba una mayor parte de la zona frontal. La edad no era un impedimento para realizar esta operación que se llevaba a cabo también en niños. A partir de 1937, Freeman y Watts empezaron a utilizar otra técnica denominada lobotomía transorbital, ideada por el italiano Amarro Fiamberti. Esta técnica era más rápida ya que consistía en introducir a través de las órbitas de los ojos un artefacto similar a un picador de hielo y rotarlo para destruir la zona frontal del cerebro (3). Este procedimiento se realizaba en pocos minutos y el paciente estaba listo casi inmediatamente. En los años 40, Freeman dejó de trabajar con Watts debido a desavenencias acerca de cómo realizar la lobotomía transorbital. En contra de Watts, Freeman pensaba que esta operación era sencilla, por lo que no requería especiales cuidados de asepsia, y podía ser realizada por psiquiatras (no cirujanos) en cualquier lugar (no necesariamente un quirófano) en un máximo de 15 minutos. Esto, que él demostró casi de manera circense, a veces en cualquier lugar, le trajo problemas con otros colegas.

Unos resultados. La lobotomía prefrontal se llevaba a cabo en pacientes graves que sufrían principalmente trastornos de neurosis, obsesión, ansiedad y depresión. También se realizaba a esquizofrénicos, aunque los resultados eran mejores en síndromes afectivos que en esquizofrenia. Se llegó a plantear su uso como tratamiento en el dolor crónico. ¿Era útil esta técnica psicoquirúrgica? Según Freeman y Watts, aproximadamente el 63% de los pacientes mejoraba, el 23% se quedaba igual y un 14% empeoraba después de la operación. La mortalidad de esta cirugía no era alta, menor que en otras cirugías, pero a veces los pacientes podían sufrir convulsiones como efectos secundarios de la operación. La lobotomía producía importantes cambios en la conducta de los pacientes. Lo cual fue muy criticado por algunos, que pensaban que la lobotomía era una forma quirúrgica de “inducir infancia”, y así, hacer “más manejables” a los pacientes. En opinión del neurocirujano británico William: “nuestro desconocimiento de la función de los lóbulos frontales es total, ¿cómo se puede postular que psicopatologías tan complejas como la esquizofrenia pueden mejorarse simplemente destruyendo ciertas áreas del cerebro?”. El punto de vista de Freeman era diferente. Eran pacientes graves, con serios problemas de inadaptación que les impedía vivir en sociedad y les condenaba a vivir aislados indefinidamente en atestados centros psiquiátricos. Después de la operación algunos de ellos podían volver a tener una vida “digna”, trabajar y tener una familia. Hay testimonios de pacientes que lo confirman. Las capacidades intelectuales, según él, no eran afectadas de manera importante, ya que sólo se trataba la parte emocional de la persona (4).

Un final. El declive de la lobotomía llegó, como no podía ser de otra manera, con los avances en la psicofarmacología. En 1954 aparece la clorpromacina. Los resultados de su uso como tratamiento psiquiátrico son muy esperanzadores y no tan traumáticos como la psicocirugía. Freeman reconoció y utilizó el avance farmacológico producido por la clorpromacina pero siguió confiando en la lobotomía. Según él, la droga ocultaba los síntomas de la enfermedad mental pero no los trataba. Irónico. Exactamente la misma crítica hacían algunos de sus colegas de la lobotomía. En 1964 Freeman recibió a una paciente que solicitaba una tercera lobotomía. Desafortunadamente la paciente falleció a causa de una hemorragia debida a la operación. Ésta sería la última lobotomía transorbital que realizara Freeman en su vida. Poco a poco la técnica fue desapareciendo de todos los hospitales. Freeman continuó muy activo completando sus álbumes con la historia y seguimiento de sus pacientes hasta 1972, cuando murió como consecuencia de un cáncer de colon.

Un titular. “Surgery used in the soul sick”, fue la portada de la revista New York Times el 6 de Junio de 1937. Esperanzador. Pero fue sólo un espejismo. La lobotomía era una forma traumática de alterar el cerebro de los enfermos mentales, y así su conducta, con el objetivo desesperado de eliminar su comportamiento aberrante, en ocasiones humillante. Hoy en día nos parece una abominación, y probablemente lo es. Pero hoy sabemos mucho más acerca del cerebro y de la función crucial que tienen los lóbulos frontales en la esencia de lo que nos hace humanos. Y hoy en día también sabemos que la enfermedad mental tiene un origen biológico…, así como pensaban Moniz y Freeman.

(1) Al contrario que Becky, Lucy se mostró más frustrada y enfadada después de la cirugía.

(2) En realidad, la primera operación que realizaron Moniz y Lima en un paciente consistió en inyectar alcohol (0.2 cm3), como tóxico, en la zona frontal del cerebro, pero los resultados no parecían duraderos.

(3) Con el paso del tiempo, otros neurocirujanos intentaron mejorar la lobotomía transorbital de Freeman. Así por ejemplo en 1947 E.A. Spiegel y H.T. Wycis idearon la cirugía estereotáxica para producir pequeñas lesiones en el cerebro mediante electrodos. Por su parte W. Penfield pretendía eliminar partes del lóbulo frontal mediante “girectomías”.

(4) ¿Por qué destruir parte del cerebro “mejoraba” a los pacientes? Según Freeman y Watts, los lóbulos frontales contenían la personalidad de los individuos, mientras que la emoción residía en el tálamo. En los enfermos mentales existía un desequilibrio [frontal – tálamo] en el que el tálamo predominaba y sus fuertes conexiones con el lóbulo frontal provocaban obsesiones en el paciente. Es lo que llamaban “supremacía emoción sobre razón”. Según ellos, la lobotomía cambiaba la función del tálamo. De acuerdo a su teoría, observaron en estudios postmortem que el tálamo se deterioraba en pacientes lobotomizados

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¿Puede la ciencia explicar las facultades PSI?

Esta es la pregunta que se lanza desde la portada del número de julio de Más Allá dedicada a “El laberinto de la Mente”. La pregunta ya anuncia la posición, por otro lado nada sorprendente, desde la que se va a abordar el asunto de las facultades PSI en dos artículos en las páginas de la revista. En mi opinión, una pregunta más acorde con la realidad del fenómeno sería ¿podrá la ciencia mostrar la existencia de las facultades PSI? A día de hoy ningún estudio científico ha mostrado la existencia de dichas facultades (clarividencia, telepatía, viajes astrales) sino que por el contrario sí ha sugerido explicaciones (desde los conocimientos, entre otros, de las neurociencias) al hecho de que determinados individuos viven experiencias que ellos consideran paranormales.

Los artículos dedicados a los “misterios de la mente” (como se califican en la revista) que se publican en este número de Más Allá merecen un par de comentarios porque esconden algunas sorpresas. El primero de ellos es una revisión de las distintas “experiencias PSI” dividido a su vez en dos partes. La primera discute algunos asuntos como el de la “utilidad de los fenómenos PSI”, o su posible función biológica. Me ha llamado la atención que junto a utilidades digamos “clásicas”, como “la curación de una gran variedad de enfermedades” y la “localización de tesoros escondidos y personas desaparecidas”, se habla también del desarrollo de “máquinas que respondan al pensamiento y sean de ayuda para los parapléjicos”. Está claro que es enorme la capacidad de adaptación de los vendedores de misterios a los temas que están de actualidad en las secciones de salud de los medios de comunicación. Sobre las interesantísimas investigaciones que desde las neurociencias y la neurología se están realizando en relación al desarrollo de interfaces cerebro-máquina simplemente me remito al último apunte aparecido en esta bitácora (Convirtiendo pensamientos en acciones… ¿Telequinesia?). La segunda parte de este artículo incluye una lista de las distintas “facultades y experiencias extrasensoriales” y distintas “explicaciones científicas”. En este apartado me ha sorprendido que las experiencias cercanas a la muerte, las experiencias fuera del cuerpo y los falsos recuerdos se aborden desde la psicología y la neurociencia, sin incluir ninguna explicación paranormal. El asunto cambia cuando se aborda la percepción extrasensorial y la psicoquinesia, cuya existencia se dice que está firmemente demostrada desde los años 60 así como con “modernos experimentos con sanadores y médiums… gracias al uso de la tecnología adecuada y de una metodología estricta”. Sobre el valor que merecen dichas demostraciones y las “estrictas” metodologías utilizadas me voy a referir a continuación.

Mi gran sorpresa ha sido encontrar en Más Allá un artículo sobre James Randi, el más ilustre desenmascarador vivo de misterios (también se habla en el artículo de Houdini, el más ilustre desenmascarador no vivo de misterios). El artículo se centra en el desafío del millón de dólares que desde años Randi mantiene y que nadie ha conseguido superar: pagará esa cifra a quien consiga demostrar sus facultades PSI. Randi, como Houdini, fue mago antes de dedicarse a desenmascarar a aquellos que dicen tener poderes especiales (Uri Geller fue su caso más sonado), e impone severas condiciones en las pruebas que los que aceptan el desafió deber superar, condiciones que impiden la utilización de trucos de mago. Según el artículo de la revista, esas condiciones y la tensión de saberse controlado “pueden conducir a la falta de concentración y también al fracaso” por lo que aún queda en el aire la posibilidad de que dichas personas realmente tengan facultades paranormales. Es decir, el llevar a estas personas al terreno de Randi se desvanece la posibilidad de expresar sus capacidades (la famosa energía negativa del escéptico que interfiere con las facultades del dotado). Lo que no cuenta la revista es que Randi también se puso en el terreno de los parapsicólogos. Me refiero al Proyecto Alfa: en los años 80 Randi entrenó a dos magos jóvenes para que simularan tener capacidades PSI y estos consiguieron engañar durante años a los parapsicólogos que los estudiaron (los cuales incluso les consideraron como extremadamente dotados). Este “experimento” puso de manifiesto que las “estrictas metodologías”utilizadas por los laboratorios de parapsicología no son ningún problema para magos expertos y pone en entredicho las demostraciones de las facultades PSI en personajes famosos. Desde entonces se intentan demostrar facultades menos llamativas, como el detectar que nos están mirando por la espalda o adivinar quien nos llama por teléfono, utilizando metodología que también han sido bastante criticadas (en estos estudios destaca Rupert Sheldrake del que también se habla en otro artículo de la revista).

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Covirtiendo pensamientos en acciones… ¿Telequinesia?


Matt, está recostado en su silla, una silla adaptada para tetrapléjicos. Está en la habitación de un hospital. Una cama al fondo, una mesilla y varios monitores encendidos. Hasta aquí todo parece normal… Sin embargo, hay algo especial en esta escena, algo que puede cambiar el futuro de muchas personas en su situación. Matt está interaccionando con uno de los ordenadores, moviendo el cursor en el monitor, sin tocarlo físicamente, sólo a través de sus pensamientos. ¿Por fin una prueba científica de los poderes Psi?

En la revista Nature del 13 de Julio de este año 2006 se publican varios artículos y comentarios acerca de los extraordinarios avances que se han producido con las llamadas “neuroprótesis” (o interfaces cerebro-máquina). En este caso se trata de una “prótesis neuromotora implantable” (implantable neuromotor prosthetics). Un conjunto de microelectrodos colocados en la corteza motora (área de la corteza cerebral implicada en el control del movimiento), capaz de registrar la actividad eléctrica neuronal para posteriormente convertirla, con ayuda de un software y los algoritmos pertinentes, en el movimiento del cursor de un ordenador o, llegado el caso, de un brazo mecánico. Estas neuroprótesis, como explica Stephen H. Scott, utilizan los conocimientos obtenidos a lo largo de los últimos años acerca de las bases neuronales de la planificación y control del movimiento en el cerebro de monos.

Una de estas neuroprótesis ha sido implantada por primera vez en la corteza motora primaria de un tetrapléjico, Matt. Matt, puede modular la actividad de sus neuronas motoras a partir de instrucciones como “mueve tu brazo”. De esta manera, y sólo con la intención de mover su brazo, Matt puede mover el cursor de un ordenador. La clave del éxito está en comprender y descifrar qué cambios específicos en la actividad eléctrica neuronal corresponden con la intención (decisión) de realizar un movimiento determinado. Cada vez conocemos mejor cómo funciona nuestro cerebro, aunque a muchos les de miedo reconocerlo…

La neuroprótesis motora implantable ha mejorado los interfaces cerebro-máquina diseñados anteriormente que registraban las ondas cerebrales (EEG) a través de electrodos colocados en el cuero cabelludo. La metodología del EEG, aunque no era invasiva, no era tan avanzada. Hay que tener en cuenta que el EEG registra la actividad simultánea de grandes grupos de neuronas por lo que la señal obtenida tenía una capacidad espacial y temporal muy limitada. Las neuroprótesis, en cambio, registran la actividad de sólo unas pocas neuronas y por tanto las señales neuronales recogidas corresponden con mayor precisión con las intenciones motoras del sujeto. ¿Desventajas? Es una técnica invasiva, con los riesgos que supone una cirugía compleja en el cerebro. Pero la mayor incertidumbre es que aún no se sabe durante cuánto tiempo pueden estos microelectrodos implantados registrar la actividad neuronal. Es importante que duren muchos años, si pensamos en pacientes jóvenes que puedan quedar impedidos físicamente.

Nuestro cerebro interacciona de una manera muy eficiente con el entorno, pero sólo a través de los órganos de los sentidos y de su sistema motor. Y así fue “construido” durante cientos de miles de años de evolución biológica. No existe “señal” o “energía” alguna “proyectada” desde nuestro cerebro y capaz de influir físicamente con el exterior de manera natural… La telequinesia es pura fantasía (al igual que otros así llamados poderes de la mente). Y los interfaces cerebro-máquina son una prueba más de ello. Y las posibilidades futuras son enormes. Quizás con el avance de la tecnología en paralelo a la investigación neurobiológica se pueda “cerrar el círculo”, como comenta Alison abott en Nature. Esto es interfaces cerebro-máquina interactivos, capaces no sólo de ejecutar nuestras intenciones motoras sino también de informarnos acerca de nuestros movimientos y posición en el espacio (propiocepción), como si de miembros biológicos se tratara. Y avanzando un poco más en el tiempo…, ¿hasta dónde y con cuánta antelación podremos predecir las intenciones y decisiones que conforman nuestra conducta? El futuro está más cerca de lo que pensamos.

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Puente Ojea y el binomio mente-cerebro


A través de un apunte en Razón Atea titulado El umbral de la religiosidad he tenido noticia de la aparición del último libro de Gonzalo Puente Ojea, Animismo. El umbral de la religiosidad. Siglo XXI, la editora del libro, nos ofrece la posibilidad de leer la introducción de Puente Ojea de la que quiero extraer algunas citas relacionadas con la temática de esta bitácora (las cursivas son del autor y las negritas mías):

“La ciencia ya no admite en nuestros días el binomio inconciliable espíritu-materia y la dualidad metafísica res cogitans-res extensa, todavía enfáticamente presente en Descartes; pero aún coquetea especulativamente con el binomio mente-cerebro [...]. Digamos, más exactamente, que ese coqueteo ya no está en la ciencia rigurosa actual, fiel a las exigentes reglas del método hipotético-deductivo, sino en las cabezas de ciertos científicos -muy pocos y cada vez menos- que todavía arrastran penosamente el pesado lastre de su temprana educación religiosa.”

“La ciencia establece hoy que todos los fenómenos mentales son funciones del cerebro en cuanto gran procesador de energía en sus varios niveles; y que las investigaciones empíricas sobre el par mente-cerebro ponen de manifiesto de modo incuestionable el sordo y permanente conflicto de la ciencia con la teología respecto de los referentes existenciales que presentan una y otra. [...] Este monismo es connaturalmente “irreligioso”, porque en él no tiene cabida la afirmación de la existencia del alma o del espíritu que exige necesariamente toda “religiosidad”.”

“¿Cómo se generaron las “condiciones de posibilidad” para que la especie humana alcanzase los atributos perceptivos, intelectivos y reflexivos de una racionalidad en el grado necesario y suficiente para elevarse a la posesión de las facultades mentales implícitas en el fenómeno multifactorial de la “religiosidad”? Poder responder al núcleo primario y elemental que entraña esta interrogación, tanto desde un punto de vista lógico como biológico, exige que la primera aproximación a un ensayo de respuesta se sitúe en el estudio de las estructuras del sistema nervioso del “sapiens sapiens”, y en particular de su cerebro en cuanto órgano central y rector de ese sistema.”

Estas citas resumen las tesis fundamentales desarrolladas extensamente en su monumental ensayo El mito del alma (2000), el cual “se despega de la clásica polaridad teísmo-ateísmo, y [...]traslada la dicotomía a un dominio más concreto, pero más ambicioso desde el ángulo científico: se trata de una contraposición mucho más radical, la que se manifiesta entre la religiosidad y la irreligiosidad en cuanto antinomia total“. No he tenido la oportunidad de leer el ensayo (de Puente Ojea sólo he leido su magnífico Elogio del ateísmo) pero sin duda alguna sintoniza claramente con los conceptos neurocientíficos (neuroteología) que proponemos en esta bitácora. Es interesante ver además como estos conceptos desbordan ya el campo de la neurociencia para alcanzar el ámbito de la filosofía, donde son utilizados para entender la naturaleza del ser humano (en esa misma línea esta también Jesús Mosterín en su ensayo La naturaleza humana).

Por desgracia, este salto de conceptos aún tardará bastante en alcanzar el periodismo científico (la asignatura pendiente). Como ejemplo (y contraposición a las citas anteriores) puede servir esta entrevista realizada a Jean Pierre Changeux y publicada en El País y algunas de las preguntas que le realiza el periodista: “Habla usted de la conciencia como un estado fisiológico con base neuronal. ¿Esta explicación se puede utilizar para las emociones?” o “¿Se podrían descifrar las emociones desde una base neuronal?” (donde el periodista muestra su perplejidad ante esta posibilidad), “¿Va a facilitar ese tipo de estudios diferenciar molecularmente las acciones conscientes y las inconscientes?” (donde delata su formación pseudocientífica), “¿Por qué ha utilizado la nicotina en sus investigaciones sobre los receptores de la acetilcolina?” (donde simplemente reconoce su ignorancia).

¿Por qué las revelaciones ocurren en la montaña?

Desde aquel día nunca volvió a tener en cuenta las explicaciones científicas de su buen amigo Olaf. Moisés, pensaba que eran aburridas, nada más lejos de lo que explotó en su interior e iluminó su conciencia aquel día en la cima del monte Transición. El Transición se convirtió en su santuario, su casa. Allí, y sólo allí, fue consciente de la Verdad. Allí encontró respuestas a todas sus preguntas…, sin preguntarlas. Allí fue partícipe de la inefable plenitud…, sin merecerlo. Algo que no podía explicar él mismo…, ¡cómo podría explicarlo Olaf! En ningún otro sitio el “contacto”fue tan nítido y real. Bien es cierto que a veces, de manera espontánea y repentina, podía sentir su presencia mientras trabajaba en el campo o cuando se emocionaba profundamente. Eran pequeños momentos de gloria, pero nada que ver con lo que experimentó en lo más alto de su montaña. Aquel día subió a allí a orar. A penas si probó bocado, se puso a meditar durante horas y horas, sin descanso… Y repitió la misma oración una y otra vez… Y mientras, realizó aquellos movimientos automáticos, cansinos, dominados por la inercia. Entonces ocurrió. Le vio, sintió su maravillosa presencia. Apareció acompañado de un montón de luces de colores preciosas, transmitiendo paz y serenidad. Podía oír su voz, que le hablaba…, sin pronunciar palabra. En un instante se sintió unido a Él, unido a la Humanidad…, unido al Universo. Su cuerpo se convirtió en un mero transporte, lo abandonó, se salió de él y lo vio desde fuera. Habló con Él…, y su vida ya no volvió a ser la misma. Nada que ver con las explicaciones aburridas de su amigo Olaf.

Y apacentando Moisés las ovejas de Jethro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas detrás del desierto, y vino á Horeb, monte de Dios. Y apareciósele el Angel de el Altísimo en una llama de fuego en medio de una zarza: y él miró, y vió que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora, y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Y viendo el Altísimo que iba á ver, llamólo Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar á Dios.
(Éxodo, 3: 1-6)

Querido Moisés. (…) En relación con aquello que me contaste que cambió tu vida, que te hizo ver el sentido de Todo, me gustaría comentarte lo siguiente. Son tus viajes al monte Transición. Hemos encontrado fenómenos muy similares al tuyo en montañeros (Why revelations have ocurred on mountains? Linking mystical experiences and cognitive neuroscience). Ellos han descrito experiencias parecidas: sentir y oír una presencia, tener alucinaciones visuales, sentirse fuera del cuerpo… La altitud puede afectar la función del cerebro y alterar la percepción de la realidad. Moisés, la hipoxia asociada a la altitud pudo alterar la función de áreas específicas de tu cerebro y provocar la experiencia de una revelación, una experiencia mística. Experiencias similares han sido provocadas de manera artificial y controlada…, sin Él (experiencias fuera del cuerpo). ¿No hace esto que dudes de tu experiencia? Sí, ya sé que aun cuando similares nunca serán como la tuya… Bueno, pronto hablaremos de esto con más calma. Moisés, me gustaría equivocarme, pero me temo que no es Él sino la montaña la que ha cambiado tu vida. Un abrazo. Olaf Blanke.

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Sheldrake, Eccles y la mecánica cuántica



Recientemente hemos recibido una airada crítica de “un estudiante de cuarto curso de la facultad de psicología de la Universidad Complutense de Madrid” a nuestro comentario de hace casi un año sobre un artículo aparecido en El País Semanal que elogiaba las “revolucionarias” ideas de Rupert Sheldrake. Junto a lindezas del tipo “Su actitud escéptica hasta la irracionalidad y la naúsea, no sustentada por ningún tipo de dato empírico y propia del reaccionarismo más retrógrado y caduco” (que obviamente no van a ser el objeto de este apunte), el estudiante anónimo apunta a la mecánica cuántica como elemento clave para entender las teorías de Sheldrake (y de John C. Eccles, al que también cita, y sus microespacios sinápticos): “Y llendo al núcleo de la cuestión: ¿conoce algo sobre la mecánica cuántica? ¿Sabe que los procesos de intercambio de información en lo referente a los campos de probabilidad no necesitan ni materia ni energía? Creo que la mecánica Newtoniana, aunque todavía válida en el nivel dimensional medio, se queda obsoleta para el rango dimensional de las sinapsis, por ejemplo.” (he respetado la ortografía original). Sorprende que un estudiante de psicología de lecciones sobre mecánica cuántica, tema en el que me reconozco un profano, con suficiente seguridad para relacionarla con la neurofisiología de la sinapsis. Pero aprovecho para comentar un artículo publicado en Nature de título esclarecedor “Quantum mechanics in the brain” publicado por Christof Koch y Klaus Hepp. Koch es uno de los científicos más importantes dedicado a la búsqueda de los “correlatos neuronales de la conciencia”, tema en el que colaboró muchos años con el fallecido Francis Crick. La conclusión del artículo de Koch es que “Es bastante probable que la base material de la conciencia pueda ser comprendida dentro de un marco puramente neurobiológico, sin invocar ningún deus ex machina cuántico.” Para llegar a esta conclusión se basa primero en que no existe ningún componente del sistema nervioso que presente un “comportamiento cuántico” ya que todos son estructuras macroscópicas que pueden ser entendidos como objetos sujetos a la mecánica clásica. Y segundo, y a mi juicio más importante, que el sistema nervioso posee una enorme capacidad de procesamiento de información que puede explicar procesos neuropsicológicos de enorme complejidad. Es decir, el hecho de que aún no conozcamos en detalle como las herramientas “computacionales clásicas” del cerebro son capaces de llevar a cabo dichos procesos complejos no implica que sea necesario recurrir a, por ejemplo, la mecánica cuántica para comprenderlos. Como el mismo Koch dice: “¿Por qué la evolución habría optado por la computación cuántica si las redes neuronales clásicas son enteramente suficientes para resolver los problemas encarados por los sistemas nerviosos?”

Por cierto, en un momento del artículo Kock menciona los qualia (el carácter subjetivo de las experiencias conscientes) como, según algunos autores, los elementos constitutivos de la conciencia. Precisamente acabo de leer un artículo del filósofo del MIT Alex Byrne, titulado “What mind-body problem?” en el que crítica la sobrevaloración que se hace de los qualia a la hora de entender la conciencia. La idea que Byrne plantea es que el carácter subjetivo de la experiencia depende del “aparato perceptivo” lo que haría que nuestra percepción de entidades físicas como un tomate o un relámpago sea diferente a, por citar los ejemplos del artículo, la percepción que de ellos tendría un murciélago o un marciano. Por eso concluye que “entender la conciencia puede ser más fácil de lo que se piensa”. No me extiendo más porque lo que quería era tener una excusa para enlazar este interesante artículo, del que tuve conocimiento, una vez más, a través de Mind Hacks. Por cierto en la página personal de Alex Byrne hay una sección con otros interesantísimos artículos, como este “Is snow white?” sobre la percepción del color.

En relación con Eccles y sus teorías sobre la interacción mente-cerebro, el comentario de nuestro estudiante anónimo no puede ser más oportuno. Uno de los últimos números de Progress in Neurobiology, una de las revistas más citadas en el campo de las neurociencias, está íntegramente dedicado al legado científico de Eccles, principalmente en el estudio de las sinapsis. El último artículo, escrito por una antiguo colaborador de Eccles, Benjamín Libet, revisa su contribución a la comprensión del problema de la conciencia. Según Libet, dicha contribución se encuadra principalmente en el “plano filosófico”, ya que “los modelos de Eccles sobre la interacción mente-cerebro fueron presentados sin ninguna evidencia experimental o diseño experimental para su estudio”. Libet revela que el propio Eccles reconocía que sus hipótesis (especialmente las relacionadas con la mecánica cuántica) no podían ser falsadas (criterio requerido para que una hipótesis tenga validez científica) pero afirmaba a continuación que “tenían poder explicativo, y, por tanto, él creía que tenían alguna utilidad e incluso validez”. Afortunadamente Eccles no aplicó estos mismos criterios a otras áreas de su trabajo en neurociencias y en reconocimiento de ese trabajo recibió en 1963 el premio Nóbel en Medicina.

Para concluir, la mecánica cuántica es, por su “extrañeza”, campo abonado para que florezcan teorías ad-hoc que expliquen fenómenos paranormales de los cuales no se ha probado previamente su existencia. El estudiante anónimo cita estudios realizados al parecer en la Universidad Complutense de Madrid, con resultados tan asombrosos como que un 95% de sujetos ciegos se encontraban por encima de la mediana en “detectar cuando nos miran por la espalda”. No entraré a polemizar sobre este tipo de estudios (ya incluimos un enlace a una crítica publicada en Skeptical Inquirer en nuestro apunte original) pero sería interesante que se nos informara de la referencia de publicación de dicho estudio, elemento básico en el método científico, pues permite que el estudio se repita o se critique. Pero poco podemos esperar ya que previamente el estudiante anónimo nos ha ilustrado sobre lo que opina sobre este asunto: “Y, por otro lado, ¿Nature es el “criterio científico” por excelencia? Tengo entendido que hay otras revistas de igual prestigio, ¿no?” ¿Se refiere al Journal of Parapsychology o al Journal of the Society for Psychical Research, donde publica regularmente Rupert Sheldrake? En fin, nos contentaremos con ladrar por las esquinas nuestro reaccionarismo más retrógrado y caduco.

Los renglones torcidos de Dios…, y el demonio


El demonio es un espíritu sobrenatural que incita al mal y guía la vida de los hombres. A lo largo de la historia el demonio ha exaltado la imaginación humana, desde la astuta serpiente del Génesis, pasando por el embaucador Mefistófeles de Goethe hasta el terrorífico espíritu que posee a la niña en la película “El Exorcista”. Es precisamente esta última, la posesión demoníaca, una de las facetas más extravagantes del demonio. Pero, ¿cómo sabemos cuándo un individuo está endemoniado? Intuitivamente parece fácil. En primer lugar por el carácter “sobrenatural” de la alteración que provoca en el cuerpo del sujeto que posee. Así por ejemplo, un sujeto endemoniado parece hacer cosas en contra de su naturaleza física, como contraer sus músculos de manera no fisiológica (contracciones tónico-clónicas), echar espumarajos por la boca y emitir extraños sonidos guturales o exhibir otras alteraciones del lenguaje. Y en segundo lugar, por la maldad manifiesta de que hace alarde en su comportamiento. Como por ejemplo, ser desinhibido socialmente, inmoral o blasfemo. Añadido a ello, un endemoniado puede ver a Dios y a Satán, puede tener sensaciones extrañas (como estar fuera de su cuerpo) y mostrar distintas personalidades. ¿Quién, si no un ente sobrenatural y maligno como el demonio, podría degradar de tal manera el comportamiento humano?

Desafortunadamente para los amantes de los exorcismos, el agua bendita y la Palabra de Dios, y gracias a los avances en el conocimiento del cerebro, ya nos vamos dando cuenta de que el demonio no es un espíritu maligno, sino el reflejo de una alteración en la función cerebral (a no ser que pensemos que el demonio sólo posee a aquellos que sufren una patología cerebral…, “Un dragón en el garaje” de Carl Sagan). Sin embargo reconozco que las enfermedades que afectan al cerebro alteran nuestro comportamiento de tal manera que, en algunos casos, pueden poner en duda su origen natural y, por tanto, favorecer una visión espiritual (sobrenatural) de la Naturaleza Humana. ¿Que una lesión o infección o, en definitiva, un daño en 1200-1400 gr de materia orgánica, un amasijo de células aparentemente revueltas, puede alterar lo que soy yo, cómo me comporto, lo que pienso de la vida o si creo en el Bien y el Mal? ¿Alterar la esencia de lo que nos hace humanos? Pues así es. De hecho, las “endemoniadas” alteraciones en el comportamiento descritas en el párrafo anterior pueden ocurrir en la epilepsia (“Neuropathology and legacy of spiritual posesión“), una alteración en la actividad eléctrica de grupos de neuronas en nuestro cerebro. O también, algunas de ellas, en otras enfermedades psiquiátricas como el síndrome de Tourette o la esquizofrenia.

Hoy más que ayer, hemos vencido al demonio, ese espíritu maligno, y reconocemos la enfermedad neurológica y mental como algo natural. O en otras palabras, parafraseando el título de la novela de Torcuato Luca de Tena, hemos ido asumiendo que quien tuerce la Escritura de Dios no es el demonio, sino la propia gramática que da forma a dicha escritura. ¡Bravo! Pero, ¿y los espíritus benignos? Dignidad, altruismo, moral y responsabilidad, libre albedrío… Estos valores representan para muchos el Bien, la espiritualidad indudable de la Naturaleza Humana. O, ¿acaso aceptamos que estas cualidades dependen también de la actividad de nuestro cerebro (“Does neuroscience threaten human values?“) Creo que aún no lo hemos asumido…, o no nos atrevemos a aceptarlo. Pero a buen seguro que desterraremos también a estos espíritus benignos. Aunque para entonces habrá que replantarse demasiadas cosas en cuanto a la forma en la que piensan nuestras sociedades

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Pam Reynolds y los cimientos de la neurociencia moderna


La vida de Pam Reynolds corría un serio peligro. Había que retirar un aneurisma gigante en una de sus arterias cerebrales para evitar que ésta se rompiera y se produjera una hemorragia de consecuencias fatales. Pero el tamaño del aneurisma era tan grande que no se podía recurrir a técnicas quirúrgicas convencionales. Se tuvo que provocar un paro cardiaco por hipotermia (reduciendo la temperatura corporal hasta los 16 ºC) para a continuación drenar la sangre de su cerebro y poder así reparar la arteria con seguridad. Después se volvió a calentar el cuerpo y se recuperaron el latido cardiaco y la circulación normal. Cuando Pam volvió a hablar, después de que los efectos de la anestesia desaparecieron, contó que había vivido una “experiencia cercana a la muerte” (ECM) que se había iniciado cuando el neurocirujano empezó a trepanar su cráneo. Sintió como se encontraba fuera de su cuerpo observando la intervención desde detrás del neurocirujano y pudo ver como este le trepanaba y como el cardiólogo la preparaba para provocarle el paro cardiaco. Después entró en un túnel oscuro desde donde escuchó la voz de su abuela llamándola. Siguió adelante en el túnel y comenzó a ver una luz brillante que fue creciendo hasta ocuparlo todo. En la luz pudo distinguir varias figuras humanas que resultaron ser parientes fallecidos que le impedían seguir adelante. Finalmente, su tío la condujo de vuelta desde el túnel y volvió a entrar en su cuerpo frío cuando su corazón recuperó su latido.

El caso de Pam Reynolds está recogido en el libro del cardiólogo Michael Sabom titulado “Light and death” (1998) y es considerado la “prueba científica más sólida de la supervivencia post-mortem de la conciencia”. No he leído el libro pero sí un resumen comentado del caso en un artículo del propio Sabom en el Christian Research Jounal (Sabom 2003a), en el que se concluye: “Quizás la ciencia ha pasado por alto un enlace fundamental entre la conciencia y el cerebro, o quizás algunas experiencias dependen solo de la mente, la cual puede no estar inextricablemente unida con el cerebro.” Recientemente el caso de Pam Reynolds ha sido también analizado por el psicólogo Christopher C. French (del que ya hemos hablado en esta bitácora, aquí) en una revisión sobre las ECM para la revista científica Progress in Brain Research (French 2005).

Uno de los aspectos más destacados del caso de Pam Reynolds es que durante la cirugía a la que fue sometida se registró la función de su cerebro y cuando se provocó el paro cardiaco se observó que desaparecieron todos los signos de actividad cerebral. Por tanto se podría considerar que Pam Reynolds estuvo clínicamente muerta y que fue en este estado cuando tuvo lugar la ECM. Pero obviamente no era así puesto que al recuperarse la circulación normal también volvieron a aparecer las señales provenientes de su cerebro. En consecuencia el diagnóstico de muerte era incorrecto porque faltaba uno de los requisitos de la definición de muerte cerebral: la irreversibilidad del proceso. El propio Sabom reconoce esto y por eso defiende que lo que Pam vivió fue una experiencia cercana a la muerte pero no posterior a la muerte (por otro lado Sabom considera por principio imposible que se pueda regresar de la muerte porque según la Biblia sólo se puede morir una vez, como comenta en su propio libro y en la segunda parte del artículo que antes he citado, Sabom 2003b).

En cualquier caso se supone que la ECM de Pam Reynolds tuvo lugar cuando se encontraba inconsciente y su corazón se había parado debido a la baja temperatura. Pero en realidad el testimonio de Pam sólo refiere detalles de la cirugía previos al paro cardiaco (en realidad todos corresponden a sucesos ocurridos casi simultáneamente). Desde el punto de vista de la anestesiología cabe la posibilidad de que Pam recuperara la conciencia y que haya podido “visualizar internamente” lo que estaba ocurriendo durante esa fase de la cirugía. No debemos olvidar nunca que las ECM se describen a posteriori lo cual requiere una “reconstrucción” verbal de una experiencia que se describe, en la mayoría de sus componentes, como inefable. Sin olvidar por supuesto el fenómeno neuropsicológico de “construcción” de falsas memorias. De hecho, Pam describió su experiencia inicialmente a su madre, y fue por medio de ésta que dicho testimonio llegó al doctor Sabom (la madre de Pam reconoció además tener un informe del neurocirujano). Uno de los aspectos clave que utilizan los defensores de la separación del cuerpo de un ente inmaterial durante una ECM es la descripción de los detalles de hechos que ocurrieron cuando supuestamente la persona se encuentra inconsciente (aunque en muy pocos casos, como el de Pam, esto está verificado) lo cual se considera como paranormal (experiencias fuera del cuerpo). Sin embargo, no existe ningún caso, ni siquiera el de Pam Reynolds como hemos visto, en el que se pueda descartar sin ningún género de dudas que estos detalles hayan sido “recogidos” por vías nada paranormales (a través por ejemplo del personal que trató a estos individuos durante la cirugía).

Sin embargo, como he dicho anteriormente, lo que se considera más sobresaliente del caso de Pam Reynolds es que durante la ECM se controló estrictamente la actividad cerebral de Pam, lo que permitió verificar que durante la parada cardiaca dicha actividad se redujo hasta niveles indetectables (lo cual no es ningún hallazgo sorprendente). Esto, según algunos, demuestra que las ECM no tienen ninguna causa orgánica, relacionada con la función del cerebro. Pero para ello hay que asumir sin embargo que la ECM tuvo lugar exactamente cuando los registros mostraban que había cesado la actividad cerebral, cosa que obviamente no hay forma de demostrar (a parte de contradecir todo lo que sabemos sobre nuestro cerebro y su funcionamiento). En el caso particular de Pam Reynolds, todos los detalles que describe en su ECM son anteriores (y posteriores) a la parada cardiaca. Es bastante razonable pensar, por tanto, que toda la fase “sobrenatural” de la experiencia (la visión del túnel y de la luz y la de los parientes fallecidos) tuviera lugar en los instantes que van desde la reducción de la circulación cerebral hasta la desaparición de toda traza de actividad cerebral. Y esto no es sorprendente si consideramos que una de las funciones que debe encontrarse alterada en esas condiciones es la de la percepción del tiempo (de hecho no tenemos forma de saber si los distintos aspectos o fases de las ECM ocurren en una forma seriada, tal y como se describen, y no “todas a la vez” y luego reconstruidas siguiendo una secuencia temporal más o menos lógica). Sorprendentemente, quienes se oponen a esta posibilidad no ven sin embargo extraño que, en algunos casos, la ECM incluya una revisión o evaluación de “toda la vida” del individuo que vive dicha experiencia.

El propio French, en su revisión sobre las ECM, reconoce que si se comprueba que las ECM tienen lugar durante periodos de inactividad cerebral, como se defiende que ocurrió en el caso de Pam Reynolds, “entonces la neurociencia moderna requeriría una seria revisión. Esto también sería pertinente si se mostrará la veracidad de las experiencias fuera del cuerpo, asociadas o no a las ECM.” Hasta el momento, sin embargo, no se han aportado pruebas incontrovertibles que permitan considerar probables ninguna de estas posibilidades. O lo que es lo mismo, los cimientos de la neurociencia moderna parecen bastante sólidos.

Homeopatía en el Ministerio de Sanidad

Por fin algo se mueve. Ante el último apoyo que el Ministerio de Sanidad ha dado a la homeopatía (la ministra Salgado parece haber formado parte del “Comite de Honor” del II Congreso Nacional de Homeopatía), Circulo Escéptico ha hecho pública una carta abierta dirigida al presidente del Gobierno protestando por el aval oficial que las autoridades sanitarias están dando a esta pseudomedicina. En la carta se hace mención a la reforma de la Ley del Medicamento en la que se vuelven a incluir los preparados homeopáticos en la categoría de “medicamentos especiales”, pero del escueto (de la actual legislación) “los productos homeopáticos con indicación terapéutica (sic) se someterán a todos los efectos al régimen de medicamentos previstos en esta ley” se pasa a un “se establecerá un procedimiento simplificado (de autorización de medicamentos homeopáticos) para aquellos productos cuyas garantías de calidad y seguridad lo permitan” (este asunto fue comentado recientemente en Golem Blog: El Congreso de los Diputados de España reconoce los medicamentos homeopáticos). Se puede encontrar más información sobre la homeopatía en el dossier de ARP: ¿Es efectiva la homeopatía? En este enlace se puede leer el editorial de The Lancet: The end of homeopathy que ya comentamos hace tiempo en esta bitácora (El poder curativo de la mente … y la homeopatía).

Os animamos desde aquí a que firmeis en la carta del Circulo Escéptico, como herramienta democrática para opinar sobre el apoyo del ministerio a la homeopatía.

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El cerebro de Judas Iscariote


Ha sido tiempo de conmemorar la Pasión, la muerte y la resurrección de Cristo. Y la Última cena. Y la maldad de un hombre sin escrúpulos, un traidor sin igual. Pero, ¿por qué él? ¿El azar o la necesidad?

- Uno de vosotros, de mis amados discípulos aquí reunidos, me va a traicionar – dijo Jesús, sin ocultar su desdicha.
- ¿Por qué dices eso, Maestro? ¿Quién de nosotros habría de traicionarte? – cuestionó Pedro alzando la voz, mostrándose ofendido.
- Sé que uno de vosotros lo hará, ¡y lo hará pronto! – replicó Jesús.
- Pero, Maestro, ¿cómo es posible si todos te amamos? – preguntó Juan.
- Uno hay entre vosotros incapaz de sentirse identificado conmigo, con el sentimiento de amor que os transmito, con el significado de esta reunión.
- Pero, Maestro, hemos abandonado a nuestras familias y todo cuanto poseemos para seguirte – afirmó, desconcertado, Simón.
- Uno hay entre vosotros incapaz de prever las consecuencias de sus actos, incapaz de predecir lo que ha de suceder.
- ¿Quién de nosotros haría algo así, Maestro, quién? Dínoslo, ¡y le repudiaremos!
- Uno hay en esta mesa incapaz de distinguir la frontera entre lo bueno y lo malo, incapaz de seguir el camino de la Virtud, el camino del Padre.
- ¿Quién, Maestro, quién es él?
- Uno de vosotros. En verdad os digo que sé muy bien que no se arrepentirá de sus actos, ya que es incapaz de sentir remordimientos por lo que está a punto de emprender – dijo Jesús, ahora sí, mirando a Judas sin disimulo, que estaba sentado a su izquierda, en el extremo izquierdo de la mesa.

Todos miraron a Judas, sin reaccionar, paralizados, confusos. Un silencio espeso y fúnebre se adueñó de aquella entrañable reunión.

- Sí, mi amado discípulo, tú me vas a traicionar – dijo Jesús apuntando, con su dedo sagrado, a Judas Iscariote, mirándole con compasión.
- Pero, Maestro, ¿por qué yo? – dijo Judas, con más curiosidad que tristeza.
- Porque… – Jesús bajó entonces la cabeza, sintiendo vergüenza por lo que iba a decir, sabedor de la frustración que acarrea la injusticia – …tú eres diferente, Judas. Es tu cerebro. Sufres una grave lesión en una región del cerebro llamada corteza prefrontal, justo encima de tus ojos. ¡Nada hay que puedas hacer!

De nuevo se hizo el silencio.

- Maestro, ¿puedes hacer algo por mí? – dijo Judas, sin comprender las extrañas palabras que había pronunciado Jesús, pero advirtiendo la gravedad de la situación.
- Tú, Judas, eres incapaz de respetar la Ley (The frontal cortex and the criminal justice system). El reino de Dios te está vetado – dijo Jesús tratando de ocultar su frustración – Pero el tiempo vendrá en el que serás comprendido y redimido. ¡Que así sea!

Terapias “alternativas” en GOLEM Blog


Sabedores del efecto bola de nieve que tiene el que se hable de un tema en la blogsfera, nos hacemos eco de los últimos apuntes de GOLEM Blog en los que se trata el tema de las terapias autoproclamadas “alternativas” o “complementarias”. El punto de partida es la difusión de un borrador de decreto de la Generalitat catalana en el que se pretende “regular las condiciones para el ejercicio de determinadas terapias naturales” (está disponible aqui, en catalán). Tuve noticia de las intenciones de la Generalitat hace algún tiempo en el debate que sobre medicinas alternativas se emitio por La2 en el programa Enfoque y al que asistió Javier Armentia (el cual hizo un comentario previo al debate en su bitácora Por la boca muere el pez: Debate Sobre Medicinas Alternativas En TVE2). Pero fue hace un par de semanas cuando conocí la aparición del borrador del decreto a través de un apunte en GOLEM Blog: La Generalitat regula las “terapias naturales“. Introito: “El primer párrafo [del decreto] es una concesión a la corrección política extrema que justifica diferentes medicinas en función de la “cultura”. Lo cual nos lleva a un tratamiento igualitario “a priori” del curanderismo, chamanismo, brujería y cualquier otra práctica siempre que esté integrada en una cierta “cultura”. [...] Lo que distingue a las “prácticas alternativas” es, justamente la falta de criterio, perdido en una maraña de especulaciones filosóficas con nulo apoyo en la realidad biológica.” Ese apunte ha generado un animado debate en el que participaron varios acupuntores (y un servidor) en el que, a mi juicio, se pone de manifiesto lo carente de rigor médico de las medicinas “alternativas”. El apunte fue también comentado por Arcadi Espada en su columna en El Mundo (En manos de los echadores de cartas): “Mientras una medicina es la oficial, convencional o alopática, la otra es alternativa, natural y holística. ¿Cuál le caería más simpática a un niño catalán? ¿Estos féretros: oficial, convencional, alopático ? ¿O bien su oposición encantadora? ¿Observas hasta dónde ha llegado el prestigio de estos abalorios: lo natural, lo alternativo? Y no hablemos de lo holístico, esta mandanga semántica que cuando tiene algún sentido es el obvio.” Angel, el autor de GOLEM Blog, ha seguido comentando el borrador de decreto en otro apunte, La Generalitat regula las “terapias naturales“. Continuación: “al legislador aficionado no se la ha ocurrido otra cosa que meter la coletilla “y otras terapias orientales afines” cosa que ningún legislador con dos dedos de frente se atrevería a hacer [...] Este criterio geográfico es peculiar, tal vez deberían acotar de que países se trata ¿podremos introducir las operaciones manuales de los charlatanes de Filipinas? ¿o no está suficientemente al Oriente? ¿o no es suficientemente tradicional? ¿o no es lo suficientemente afín a la acupuntura?”.

Como se puede ver el borrador de decreto es una sarta de despropositos legislativos además de un tremendo peligro para la salud pública (de los ciudadanos de Cataluña). Pero lo que me ha puesto los pelos como escarpias es enterarme a través del último apunte de Angel, Terapias alternativas, Izquierda Verde y Plataformas varias, de que en el Congreso de los Diputados se está tramitando una proposición no de ley para regular el sector de las terapias “alternativas” promovida por el grupo parlamentario de Izquierda Verde. Sin duda un ejemplo de un mal entendido “progresismo” que defiende todo lo que se autoproclama “alternativo” independientemente de su racionalidad y a costa de suponer un perjuicio para el ciudadano. En fin, espero con este apunte amplificar la protesta (como de si una recogida de firmas se tratara) contra el reconocimiento “oficial” de prácticas que en realidad deberían ser perseguidas por fraudulentas.

Posted by bestiario50 in 20:59:49 | Permalink | No Comments »